Un caso de gatillo fácil conmociona a Mar del Plata. Matías Paredes, de 26 años, albañil y padre de una niña de tres años, fue asesinado por policías de civil de la Bonaerense que lo confundieron con Cristian «El Guachín» Monje, el principal sospechoso del crimen del kiosquero Cristián Javier Velázquez.
El brutal operativo policial quedó registrado en una cámara de seguridad. Matías y sus amigos viajaban en un Fiat Palio rojo cuando fueron interceptados por dos vehículos sin identificación policial: un Volkswagen Bora gris y una Ford Ecosport negra, ambos sin patente. Los agentes dispararon siete veces contra el auto; cuatro balas impactaron en Matías.
Un operativo irregular y una persecución mortal
El hecho ocurrió durante la madrugada del jueves, en el barrio Bosque Grande, cerca del estadio mundialista. La persecución comenzó en Fortunato de la Plaza y Polonia, donde se hallaron vainas servidas, señal de que los disparos comenzaron varias cuadras antes.
Según los testimonios de los sobrevivientes, los jóvenes no se detuvieron porque creyeron que estaban siendo asaltados. Los policías no llevaban identificación ni estaban en móviles oficiales, lo que contraviene la Ley Nacional de Tránsito (Ley 24.449), que exige que los vehículos de seguridad pública sean claramente identificables.

Cuando el Palio intentó escapar, los efectivos de la comisaría 16 de Mar del Plata bloquearon su paso y abrieron fuego. Matías, que llevaba puesta la camiseta de Alvarado, club del que era fanático, cayó malherido. Su familia cree que esa prenda fue lo que hizo que lo confundieran con Monje, quien también vestía la camiseta del club el día del asesinato del kiosquero.
El desgarrador testimonio del padre de Matías
Horacio Paredes, el padre del joven, denunció la brutalidad policial y la falta de asistencia médica.
«Llamamos a la ambulancia y nunca llegó. Infantería no me dejaba pasar. Me tiraron tiros, no me mataron de casualidad. Rompí el vidrio y lo saqué yo del auto. Cuando lo saqué, ya estaba muerto», relató con dolor.
También denunció que su esposa fue golpeada por la Policía: «A mi señora la agarraron de los pelos y la tiraron al suelo. ¿Qué policía tenemos? Matan a la gente buena y a los malos no».
Finalmente, exigió justicia por su hijo y pidió que se realicen peritajes a los policías involucrados para determinar si habían consumido drogas o alcohol antes de disparar.
El caso generó una fuerte conmoción y reavivó el debate sobre los abusos policiales y el uso desmedido de la fuerza en operativos sin identificación. La familia de Matías exige que los responsables sean juzgados y condenados.
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