En una movida que sacudió el escenario político, Cristina Fernández de Kirchner propuso este miércoles reformar la Constitución Nacional para eliminar las elecciones de medio término y unificar las votaciones cada cuatro años. La iniciativa, planteada en un podcast, sugiere una posible apertura al diálogo con el Gobierno de Javier Milei, aunque también podría ser una estrategia para incomodar al presidente.
“Hay que reformar la Constitución, no puede haber elecciones cada dos años. Tiene que ser cada cuatro años. Hay que acomodar los mandatos para que duren cuatro años”, afirmó la exmandataria, marcando un paralelismo con la reforma de los años 90 impulsada por Carlos Menem.
La propuesta coloca a Milei en un dilema. Con un plan económico en marcha y estabilidad en los mercados, el mandatario podría considerar atractiva la reforma, ya que reduciría los costos y tensiones de las elecciones intermedias. Sin embargo, también abre la puerta a especulaciones sobre una posible alianza entre el kirchnerismo y La Libertad Avanza, lo que podría generar desconfianza en sus bases de apoyo.
Un cambio que incomoda
La expresidenta aseguró que no hay un pacto con el oficialismo, pero su mensaje sugiere que está dispuesta a negociar. Una reforma constitucional requiere el apoyo de dos tercios de ambas cámaras del Congreso, y Fernández de Kirchner cuenta con influencia significativa sobre 33 senadores y 99 diputados, lo que la posiciona como una jugadora clave en cualquier acuerdo político de este calibre.
Para Milei, aceptar la propuesta podría consolidar su liderazgo al encabezar un cambio estructural, pero también significaría compartir protagonismo con una figura emblemática de la oposición. Por otro lado, rechazarla podría permitirle desmarcarse de cualquier alianza implícita, pero corre el riesgo de parecer intransigente ante una medida que podría contar con respaldo popular.
Un mensaje estratégico
La jugada de CFK no solo apunta al Gobierno, sino también a fortalecer su posición en un contexto judicial complicado y ante un escenario político que le es adverso. Al proponer un cambio estructural, lanza una invitación implícita al diálogo político, una táctica que podría incomodar tanto a sus aliados como a sus detractores.
Queda por ver cómo reaccionará Milei: si decide ignorar la propuesta, aceptarla como un gesto de consenso o rechazarla categóricamente. Lo cierto es que la idea de una reforma constitucional quedará instalada en la agenda política, con efectos aún imprevisibles.
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