
Este 25 de julio se cumplen 21 años de la desaparición de Fernanda Isabella Aguirre, la adolescente de 13 años que fue secuestrada en 2004 en la localidad de San Benito, a pocos kilómetros de Paraná. Desde entonces, su familia no dejó de buscarla, aunque el caso sigue impune y el paradero de Fernanda continúa siendo un misterio.
La joven fue vista por última vez cuando se dirigía al puesto de flores que su madre tenía frente al cementerio de la localidad. Horas después, sus padres recibieron un llamado extorsivo que exigía 2.000 pesos de rescate, pero Fernanda nunca regresó.
Miguel Ángel Lencina, un violador con antecedentes, fue detenido como principal sospechoso tras rastrearse los llamados. Sin embargo, fue hallado ahorcado en su celda 72 horas más tarde, sin haber revelado el destino de la joven. Su pareja, Mirta Chávez, fue condenada a 17 años por su participación en las extorsiones telefónicas, y afirmó que Lencina la había asesinado y conservaba sus pertenencias. No obstante, el cuerpo de Fernanda nunca fue hallado.
Desde entonces, se tejieron infinidad de hipótesis, pero la justicia nunca logró resolver el caso. Su madre, María Inés Cabrol, fue la figura visible de la lucha por encontrarla. Recorrió el país detrás de cada pista hasta su fallecimiento, seis años después, a causa de un cáncer.
Fernanda Aguirre figura actualmente como persona desaparecida en el Programa Nacional de Recompensas del Ministerio de Seguridad, con una recompensa de dos millones de pesos por datos concretos que ayuden a dar con su paradero.

“No pedimos venganza, pedimos humanidad”: la carta de la familia
En el marco del aniversario, la familia Aguirre difundió una carta abierta, enviada a Elochodigital, en la que hacen un llamado urgente a quienes puedan aportar información.
“Esta carta no es solo un llamado desesperado. Es un grito desde el alma. Un pedido a quienes la secuestraron, a quienes sabían, a quienes callaron y todavía hoy eligen guardar silencio: Díganlo. Hablen. Den un paso hacia la verdad”, expresaron.
La misiva, cargada de dolor, remarca que la familia no busca castigo, sino cerrar una herida que sigue abierta: “No escribimos con odio, pero sí con una tristeza inmensa. A Fernanda se la llevaron, y con ella se llevaron una parte de todos nosotros”.
“Queremos saber si Fernanda está viva, dónde está. Y si ya no está, merecemos llorarla, despedirla, abrazarla al menos en la memoria con una verdad que no nos han dado”, añaden.

“No naturalicemos la desaparición de una niña”
A dos décadas del hecho, los Aguirre advierten que la indiferencia social puede ser tan peligrosa como el silencio y llaman a no olvidar:
“Fernanda podría haber sido su hija, su hermana, su amiga. Y aún puede estar esperando que alguien hable”.
La carta cierra con una esperanza dirigida a la propia Fernanda:
“Te seguimos buscando. Nunca dejamos de hacerlo. Te amamos como el primer día. No bajamos los brazos. No lo haremos nunca”.
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