El nivel del río Paraná descendió nuevamente por debajo del metro el pasado 19 de marzo y, según el Instituto Nacional del Agua (INA), esta condición persistirá durante todo el otoño. Aunque no se prevé que siga bajando drásticamente, tampoco habrá repuntes importantes debido a la falta de lluvias en las cuencas de aporte.

A mediados de esta semana, el nivel del río estuvo apenas por debajo de los 80 centímetros, una situación que se mantendría en los meses de abril, mayo y junio. La principal causa es el déficit de lluvias en zonas clave, como el este de Paraguay, Misiones y el río Iguazú, sumado a lluvias erráticas en el norte del Paraná.

Perspectivas para los próximos meses

El ingeniero del INA, Juan Borús, explicó que se espera un leve repunte en el nivel del río debido a lluvias en el este de Formosa, Chaco y Misiones. Sin embargo, advirtió que para alcanzar el límite de aguas bajas (2,40 metros en Rosario), el nivel debería subir al menos un metro y medio, algo poco probable en el corto plazo.

Según los estudios realizados, el otoño transcurrirá sin grandes cambios, con niveles que permanecerán bajos pero sin un agravamiento de la bajante. «Los niveles en Rosario continuarán muy acotados, claramente en aguas bajas», afirmó Borús. Además, destacó que 2025 se perfila como una continuación de la bajante que afectó a la región entre 2020 y 2023.

Impacto en la navegación

La persistente bajante del Paraná genera complicaciones para las embarcaciones que operan en la zona. En varias guarderías náuticas de la ciudad se están realizando tareas de dragado de manera constante para evitar que los barcos queden varados.

El problema afecta principalmente a yates y veleros, que requieren un calado mínimo de 70 a 80 centímetros. Algunas guarderías han podido costear servicios de dragado, mientras que otras deben recurrir a métodos más rudimentarios, como zanjas excavadas manualmente.

Cambios climáticos y futuro incierto

Uno de los factores que el INA está monitoreando es la influencia de los cambios en los patrones de lluvias en la cuenca del Amazonas, que sufrió una de sus peores sequías en 2023. La cuenca del río Paraguay, uno de los principales afluentes del Paraná, ha mostrado grandes contrastes entre su parte alta y baja, lo que ha reducido significativamente su aporte de agua.

Por el momento, los especialistas coinciden en que no habrá mejoras sustanciales en el caudal del Paraná en los próximos meses, y la región deberá afrontar un otoño con niveles de agua excepcionalmente bajos. Con informacion de La Capital

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