Matías Bottoni. Foto: Clarín
Matías Bottoni. Foto: Clarín

Matías Bottoni, el joven nadador rosarino de 17 años que sufrió una grave lesión cervical durante un accidente en plena competencia, volvió a tener contacto con el agua. Ocurrió esta semana en el marco de su tratamiento de rehabilitación en la clínica Aprepa, ubicada en San Jerónimo Sud, donde comenzó sesiones de hidroterapia supervisadas por profesionales.

El accidente ocurrió el pasado 10 de mayo durante el precalentamiento en el Campeonato Nacional de Mayores de Natación, celebrado en el Parque Olímpico de Buenos Aires. En ese momento, otro nadador cambió de carril de forma imprevista, provocando una colisión que fracturó la quinta vértebra cervical de Matías. La lesión comprometió gravemente su médula espinal.

Tras ser operado en el Hospital Italiano, luego de una campaña solidaria que recaudó 60 millones de pesos en menos de 24 horas, Matías fue trasladado a la clínica Aprepa, donde transita una compleja recuperación física y emocional.

El regreso al agua marca un hito emocional y terapéutico. “Es un gran desafío. El agua es su lugar, pero también el escenario del accidente”, señaló Valeria, su madre, en diálogo con La Capital. El joven ingresó a la pileta acompañado por su kinesióloga, ya que solo el equipo médico tiene acceso a esas áreas.

Matías Bottoni junto a su padre y su hermano (foto Clarín)
Matías Bottoni junto a su padre y su hermano (foto Clarín)

Durante julio, Matías atravesó momentos de altibajos emocionales y algunas complicaciones de salud, pero sigue avanzando gracias al apoyo incondicional de su familia: su madre, su padre, su novia Martina, su hermano Juani y un estrecho círculo afectivo que lo acompaña día a día. También ha comenzado a retomar rutinas cotidianas, como dibujar, en un proceso paulatino de reconexión con su vida anterior.

El caso de Matías sigue generando una ola de solidaridad que traspasa fronteras. Desde Uruguay, personas se comunican con él enviando energía a través de reiki; en Estados Unidos, lo acompaña una bandera firmada por el equipo argentino de natación; y Susana, una mujer de 85 años, lleva un cuaderno con cada avance en su recuperación y lo alienta diariamente.

“La gente se sigue contactando con nosotros. Es increíble el amor que estamos recibiendo”, afirmó emocionada su madre.

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