Según el periódico japonés Nikkei Asia, 87% de los proveedores de Apple tienen plantas de producción en China. Feng Shufeng/VCG vía Getty Images
Según el periódico japonés Nikkei Asia, 87% de los proveedores de Apple tienen plantas de producción en China. Feng Shufeng/VCG vía Getty Images

Durante años, producir en China fue visto por las grandes compañías estadounidenses como una estrategia empresarial perfecta: menores costos de fabricación y mayores márgenes de ganancia. Sin embargo, esa decisión se convirtió en un arma de doble filo. Al abrir sus plantas y cadenas de producción en territorio asiático, Apple, Intel, Volkswagen, Bosch, Samsung y otras multinacionales transfirieron conocimiento, capital humano y capacidades tecnológicas que permitieron a China convertirse en una superpotencia tecnológica.

El caso más emblemático es el de Apple, que fabrica más del 90% de sus productos en China. Según Patrick McGee, autor de Apple in China, esta estrategia no solo generó enormes ganancias para la compañía de Cupertino, sino que también financió y capacitó a los fabricantes chinos, que con el tiempo reemplazaron a proveedores extranjeros. Hoy, 87% de los proveedores de Apple tienen plantas en China, y más de la mitad tienen su sede en el país o en Hong Kong.

Una multitud fotografía con cámaras y iPhones las que parecen ser las versiones  más recientes del iPhone de Apple
Apple mudó su producción a China a inicios de los 2000. David Paul Morris/Bloomberg vía Getty Images

Esa dependencia no solo otorgó a China poder de negociación —hasta el punto de que podría detener la producción de Apple en cualquier momento—, sino que también sirvió como plataforma para que surgieran gigantes locales como Huawei, Xiaomi y BYD, capaces de competir en teléfonos inteligentes, vehículos eléctricos y hasta inteligencia artificial.

La rivalidad tecnológica se refleja con claridad en el campo de la IA. Mientras Estados Unidos lideraba con modelos como ChatGPT, China sorprendió en 2025 con el lanzamiento de DeepSeek, un chatbot de calidad similar desarrollado con una fracción de los recursos y a pesar de las restricciones estadounidenses en la venta de chips avanzados. Para los expertos, este avance simboliza el desafío directo a la supremacía tecnológica de EE.UU..

Dos hombres observan un teléfono móvil mientras uno de ellos lo sostiene
El gobierno estadounidense ha acusado a la gigante china Huawei (a la izquierda, su director ejecutivo, Yu Chengdong) de espionaje y robo de propiedad intelectual. VCG/VCG vía Getty Images

Las ventajas chinas no se limitan a la industria tecnológica. A diferencia del modelo estadounidense, más dependiente del mercado, China aplica políticas estatales a largo plazo, fomenta una competencia feroz entre empresas locales y aprovecha la magnitud de su población y sus bases de datos para acelerar desarrollos en campos como la medicina y la inteligencia artificial.

Una mano sostiene un teléfono en cuya pantalla se observa el logo de Deepseek mientras en el fondo se ve el logo de Tesla.
Tesla, la empresa de vehículos eléctricos de Elon Musk, anunció que usará la IA de Deepseek para el asistente de voz de sus autos en China. Cheng Xin/Getty Images

Hoy, aunque Estados Unidos conserva el liderazgo en chips avanzados y tecnologías fundamentales, China acorta distancias a gran velocidad. Para Kyle Chan, investigador de la Universidad de Princeton, la gran historia no es solo que China haya alcanzado a EE.UU., sino la rapidez con la que lo está logrando.

El resultado es un escenario global donde ya no existe un único centro tecnológico, sino una carrera multipolar por definir el futuro de la innovación. (Con información de BBC News)

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