
Renata Vargas, una bebé nacida en San Salvador (Entre Ríos), logró superar uno de los desafíos médicos más difíciles que un niño puede enfrentar: un trasplante de hígado en condiciones críticas. Después de meses de lucha en el Hospital Garrahan, la pequeña recibió el alta médica y pudo reencontrarse con su familia.
Renata nació el 3 de mayo de 2024 junto a su hermana gemela, Morena, en un parto prematuro. Desde el inicio, su estado de salud fue complejo. Los médicos detectaron una grave enfermedad hepática, cuyo diagnóstico exacto nunca pudo ser confirmado, a pesar de los análisis realizados en Brasil y Estados Unidos.
«Cuando hicieron la biopsia, ya estaba el hígado duro, verde, cirroso», recordó con emoción su madre, Fátima Morínico.
Lucha contra el tiempo y la falta de donantes
La salud de Renata se deterioraba rápidamente y su bajo peso (1,5 kg) era un impedimento para recibir un órgano compatible. A pesar de los obstáculos, su familia nunca perdió la fe. Su tía, Andrea Morínico, se ofreció como donante de inmediato. La operación fue de alto riesgo: los médicos advirtieron sobre la posibilidad de muerte antes, durante o después del procedimiento.
Finalmente, la cirugía de ocho horas fue un éxito, y Renata logró sobrevivir gracias a la valentía de su familia y la pericia del equipo del Garrahan.
Complicaciones postoperatorias y recuperación
Aunque el trasplante fue exitoso, la recuperación no fue sencilla. Renata enfrentó nuevas cirugías, sangrados digestivos y complicaciones respiratorias que obligaron a realizarle una traqueotomía.
«Fue horrible. Teníamos alegría por el trasplante, pero la ansiedad nos consumía», contaron sus padres a Mercurio Noticias.
Durante todo el proceso, destacaron la contención emocional del personal del Garrahan: médicos, enfermeros y psicólogos acompañaron a la familia en cada paso.
De regreso a casa, pero con cuidados extremos
Tras meses de internación, Renata volvió a San Salvador con su familia. Sin embargo, su recuperación aún requiere cuidados intensivos: medicación inmunosupresora de por vida, monitoreo constante y medidas estrictas para evitar infecciones.
«El medicamento baja sus defensas. Tenemos que ser muy cuidadosos con el lavado de manos y evitar resfriados», explicaron.
Además, los altos costos del tratamiento motivaron a la familia a lanzar campañas solidarias. Quienes deseen colaborar, pueden hacerlo a través del alias de Mercado Pago: chengo2613.
Un símbolo de lucha y fe
La historia de Renata tocó el corazón de miles de personas. Las redes sociales fueron clave para difundir su caso y recibir apoyo. «La oración de la gente fue fundamental. Recibimos mensajes de todas partes», agradecieron sus padres.
También aprovecharon para enviar un mensaje en defensa del hospital:
«El Garrahan no se toca. Es un lugar que salva vidas. Estamos eternamente agradecidos», expresaron, mientras mostraban una bandera en apoyo a la institución.
Una historia que inspira
Renata es hoy un símbolo de lucha, amor y esperanza. Su historia no solo refleja la importancia del acceso a la salud pública de calidad, sino también el poder de la fe, la familia y la solidaridad comunitaria.
“Queríamos pelearla hasta el final. No queríamos irnos con las manos vacías sin intentarlo”, concluyeron, emocionados, sus padres.
(Fuente: Mercurio Noticias)
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